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Terra
La Coctelera

LA HORA DEL PINTO PINTO

Va llegando la hora del "Pinto, pinto, gorgorito, vendo las cabras a veinticinco, en qué lugar, en Portugal, en qué calleja, la Moraleja, esconde la mano que viene la vieja".

Como algunos saben, es una antigua canción popular infantil utilizada para escoger entre varias opciones (dulces, juguetes, otros niños, juegos, etc...).

La hora del pinto, pinto, para todos, será la elección de una opción política a la que dar nuestro voto el próximo domingo dia 20 de noviembre con el siguiente panorama.

Al PSOE le toca "banquillo".

El PP va a ganar sin duda.

Pero mi voto, esta vez, será para la "tercera vía" y como no soy nacionalista sino nacional, y bastante centrado, que no centrista, me inclino hacia un equipo político formado por profesionales que no necesitan de la política para vivir. Aunque Rosa con su demagogia fácil, oportunista y estudiada, no me convence, la gente que le acompaña y que se le suma, tiene ganas de sacar a España del bipolarismo irremediable, axfisiante y paralítico. Y esto, junto al 15-M, son los únicos brotes verdes que veo en el escenario público español.

Pinto, pinto, gorgorito...

DOBLE RETRACTACION

¡En que hora se me ha ocurrido retomar el blog!

Normalmente, la propia opinión sobre hechos o personas, es decir, el juicio que uno hace sobre el entorno que que le rodea, suele mantenerse en el tiempo, a no ser que la conyutura en la que se gestaron los razonamientos cambie de manera rotunda, en cuyo caso, conviene y se acepta una rectificación sobre el juicio emitido.

Releyendo los últimos post escritos en este blog, que datan del 2008, debo retractarme de un par de opiniones hechas al calor de las ciscunstancias.

Zapatero estaba siendo un buen Presidente, especialmente en lo que se refiere al cambio de actitud respecto de su predecesor, el chulesco Aznar. Su talante era de agradecer  porque un lider debe ser firme pero afable, incluso formal y serio, pero nunca displicente. En la primera legislatura Zapatero lo hizo lo suficientemente bien para mantener la confianza de los españoles en la siguiente reelección.

Hoy ya no confiamos en él porque no ha sabido reaccionar ante la crisis que nos preocupa porque nos empieza a ahogar. Por ello me retracto. Zapatero dejó hace muchos meses de ser un buen Presidente para convertirse casi, casi, en un estorbo nacional. El problema de Zapatero es que por mor de político puro, socialista puro de panfleto, se rodeó de medianer@s y desarrolló unas políticas públicas sociales, sufragatorias, igualitarias y pro-tercermundistas, pretendiendo ser adalid de los olvidados pero olvidándose de su función de gestor y administrador de la economía del Estado.

También me retracto de esta opinión que hice entonces: "Lo cierto es que Mariano Rajoy no va a ser el líder del PP para las elecciones del 2012, y si lo fuera, las volverá a perder". Las elecciones se han anticipado, no serán en el 2012, huelga explicar las razones del adelanto que están en relación con las razones de mi retracto.

Del resto de comentarios sobre Mariano Rajoy no me desdigo. Sin embargo, su honradez a carta cabal es nuestra mejor garantía en estos momentos de tribulación nacional. Es un buen funcionario y pondrá a funcionar el aparato del Estado para "sacar a la roja (y gualda)" del atolladero económico en el que estamos metidos.

Las bombas de Ibarretxe, made in ETA.

No hay manera de que se enteren. El letargo veraniego, la canícula, ha embotado nuevamente el cerebro de nuestros ilustrados periodistas de agencia -que son los que generan los titulares de los que chupan todos en cadena sin fin- y han vuelto a confundir la velocidad con el tocino.

"ETA inicia su campaña de verano" ¡Pues vaya impuntualidad! porque para espantar al turismo hay que poner las bombas cuando los turistas no han decidido sus vacaciones... No cuando están en medio de ellas. No se enteran.

Como siempre, hay que estar ojo avizor para ver lo que los medios no quieren, o no saben, ver. Excepto Monseñor del Mundo que siempre ve lo que le interesa a su recaudación. Y mi ojo me dice que estas bombas son un "chis-pum" de tamborcete txistulari de ETA en apoyo al referéndum de Ibarretxe. Son los fuegos artificiales de una coreografía macabra que no hace sino subrayar que la aventura de Ibarretxe es una locura más de un "iluminado" vasco, de esos que nos tienen tan acochinados a los benditos demócratas.

ETA apoya con sus bombas la iniciativa de Ibarretxe... Debería haber sido el titular.

Con lo majos que son los vascos normales, los nobles, los no retorcidos, los no contaminados por la locura secesionista sabiniana, loco engendrador de un odio a España -probablemente con alguna razón histórica y coyuntural, cuya página ya pasó- que algunos han asimilado como razón de vida, convirtiéndose en muyahidines del odio y la sinrazón democrática. Les da igual. Abusarán, como todos los delincuentes, de todas las garantías legales que les brinda el Estado democrático, mientras se ciscan en la democracia en una perversa "Ley del embudo" (lo ancho para mi y lo estrecho para el mundo)

¡Menuda peña!

La derrota de Aznar.

¡Por fin se ha escenificado la derrota de Aznar!

No nos equivoquemos, pero el último congreso del PP ha sido la puesta en escena de la segunda derrota de Aznar. Su primera gran derrota fue cuando, víctima de su propia chulería, decidió no presentarse a más elecciones generales una vez cumplidos los ocho años como Presidente de Gobierno. Digo yo que no conviene importar modelos para experimentarlos en cabeza propia, y dar credibilidad a una fórmula por el mero hecho de llevar el copyright americano, a riesgo de pagar un alto precio por la falsa modestia, o por tu sordera. Aznar es un sordo (como todos los chulos), y sólo practica el out-put, nada el in-put, es más, me atrevería a decir que si alguna vez tiene en cuenta los comentarios ajenos es para ponerlos como diana de los venablos de su venganza.

Tengo yo una teoría política que algunos podrán interpretar como "peregrina" cuando, a decir verdad, es pura lógica deductiva. El Partido Popular fue derrotado el 14 de marzo de 2004 por el propio Aznar. Ahora, en el reciente congreso del PP en Valencia se han puesto en evidencia las consecuencias de aquella derrota.

Mi teoría es que si Aznar hubiera seguido como líder del PP otra legislatura y hubiera figurado como candidato presidencial del partido en 2004, en lugar de Mariano Rajoy, a pesar de la insospechada y terrible matanza del 11-M en Atocha, la mayoría de españoles le hubieran mantenido la confianza. Yo lo que veo como una apuesta suicida para el electorado, en aquellos momentos de convulsión, era darle la confianza popular al melifluo ministrillo llamado Mariano Rajoy. Entre un líder débil (Mariano) y un partido solvente y popular (PSOE), las gentes prefirieron lo segundo. Luego, fuera y aparte, ha resultado que aquel candidato desconocido llamado Jose Luis Rodriguez Zapatero, además, está siendo un buen Presidente de Gobierno.

Esta ecuación tan sencilla sobre la apuesta electoral de la mayoría de los españoles nunca la ha entendido ni Aznar, ni Acebes, ni Zaplana, ni Trillo, ni Miguel Angel Rodriguez, ni Esperanza Aguirre y otros muchos que volcaron su pataleta contra el PSOE y sus pretendidas confabulaciones, luego indemostradas. Lo que si intuyo también es que Fraga, Gallardón y algunos otros, incluido el propio Mariano que por no ser ambicioso siempre le ha quedado grande el traje de líder, siempre han pensado que Aznar tiró la toalla demasiado pronto.

Los líderes lo son porque tienen carisma, esa facultad de resultar atractivos a sus seguidores. Aunque haya interpretaciones científicas del término, la experiencia me dice que no es difícil detectarlo. El carisma de un líder es un brote de su personalidad, una cualidad que se enseñorea sobre las demás y bien sea la autoridad, la inteligencia, la sociabilidad, la ternura, la solvencia, la utopía, la firmeza, la generosidad, la educación, el glamour, la alegría, la... le hará sobresaliente y motivo de admiración y respeto por los demás. Aznar, por ejemplo, tiene carisma; no me gusta un pelo, pero tiene carisma.

Mariano Rajoy no es nada carismático. Sería el paradigma de la antilujuria en el terreno sexual (no me lo imagino interpretando una tórrida escena sexual) y es el paradigma de la mediocridad en el terreno político. Es el ejemplo del ser gris, y por eso -ya lo dije en anterior artículo- podría ser un buen gestor, un buen ayudante, un buen "fontanero", pero no un líder (los líderes pueden ser buenos líderes o malos líderes).

Y eso es lo que viene siendo Rajoy, un fontanero. Está haciendo de fontanero del PP. Curiosamente, desde la presidencia del partido, en estos momentos, está haciendo el trabajo sucio de desatascar las cañerías del liderazgo de la costra del "clan de los chulos" (los prepotentes, los déspotas, los autoritarios, los halcones) que en su día dieron cuenta de Hernández Mancha porque era demasiado moderno y populista para sus envarados y almidonados cuellos blancos y que ahora pretenden imponer sus mandatos sin ninguna ideología que los sustente porque los déspotas en su megalomanía, pretenden hacer las cosas por el bien general pero según principios que a veces emanan del mismo Dios.

¿Cómo es posible que un perdedor de dos procesos electorales tenga la capacidad de aparente liderazgo que ha conseguido Mariano Rajoy en el congreso de Valencia? Esa pregunta que se hacen muchos analistas políticos tiene una fácil respuesta. Porque es el que actualmente tiene la sartén por el mango y , por primera vez, está haciendo uso de ella para freir a algunos. Mariano Rajoy ha dejado de ser la boina que Aznar tiró en el asiento de presidente del PP para que le guardara el puesto. A estas alturas, Mariano, impelido por el propio acoso que el sector duro ejerció sobre él, ha conseguido conciliar las sinergias internas del partido y dirigirlas hacia una sentida y necesaria purga de la parte minoritaria y abyecta del conservadurismo español. Ese sector que no deja avanzar salvo en una sola dirección, la que Dios manda y los curas interpretan.

Espero que todas estas maniobras no le pasen inadvertidas a mi convecino Caldera y que ponga a alguno de los becarios de su tanque de pensamiento a analizar estas reflexiones.

Mariano Rajoy no va a reinar nunca, es un simple profeta, un Juanbautista que precede al que vendrá, el cual todavía no está ungido.

¿Será él? ¿Será ella? Ni lo sé, ni me interesa por ahora. Lo cierto es que Mariano Rajoy no va a ser el líder del PP para las elecciones del 2012, y si lo fuera, las volverá a perder.

Ese quebranto de voz tan natural, en la toma de posesión de la nueva Secretaria General, le augura una simpatía popular muy estimable en la gente de centro...

Ya veremos...

Rajoy me empieza a convencer

Si, he estado muy calladito y ajeno a esto de los blogs, pero de repente he sentido el impulso ciudadano de compartir mis reflexiones y ... ¡eahh!

Sí, Rajoy me empieza a convencer porque empiezo a verle como a él mismo. Por fin ha dejado de ser la boina que Aznar dejó tirada en el asiento de la presidencia del PP. Me empieza a convencer porque ha dejado de ser el "zombie", el muerto viviente prisionero de una situación que no le gustaba, viviendo en un cuerpo prestado, con una guardia pretoriana puesta por el César que descaradamente se paseaba por el mundo, especialmente por Estados Unidos, vestido de paisano, sin la toga pero con la corona del laurel cesarina ceñida en la frente, pontificando en inglés de primaria a los pasmados gringos. Rajoy me empieza a convencer porque ha empezado a respirar con aire propio, porque ya no necesita la diálisis permanente de una sangre ajena, prestada, que lleva en sus hematíes cargas genéticas dictatoriales y autoritarias.

Me tranquiliza ver como la crisis del PP va defenestrando a los "impresentables", a los chulos, a los prepotentes, a los mentirosos, a toda esa pléyade de políticos para los que la democracia es un mal necesario. Me encanta ver en los telediarios las fotos de los que van cayendo, porque eso va a limpiar al PP de la "peña ultrasur"; una transición necesaria que debería haber hecho AP (Alianza Popular) antes de incrustarse en un partido de corte democristiano y centrista.

Rajoy me empieza a convencer porque lo veo más europeo, más conciliador, más colaborador, más demócrata y más peleón que nunca. También peleará con el partido gubernamental, también, pero con otro talante, con otros argumentos; no "por joder" como ha venido haciendo hasta ahora el PP con la ayuda de EL MUNDO y la COPE.

Rajoy, por este camino que ha emprendido, puede recuperar a un partido en beneficio de todos, aunque esto al PSOE no le interesa, obviamente. Sólo hay que ver la reacción de Pepe Blanco (resulta graciosa la lectura interesada de la crisis que nos brinda) y de Zapatero (también es graciosa su alusión al jeroglífico), palabras que sólo esconden temor. Saben que por este camino, que con este cambio, los 10 millones de votantes del PP se convierten en 12 en un santiamén. Pero eso es un regocijo para un ciudadano cuya única opción política es elegir entre unos u otros.

En fin, veamos regocijados en que paran estos envites de la derechona airada. Pero si la democracia realmente está instalada en el PP, Aznar y sus secuaces se van a hacer un traje verde para vestir su envidia.

Zapatero me empieza a convencer (2)

Prolegómenos aparte, y dicho ya que por Zapatero no apostaba casi nadie cuando estaba de opositor a Aznar -¡cuan distintos, pd, cuan distintos!- cuando el divino Josemari era el delfin de Dios y estaba embriagado de soberbia intelectual y arrogancia política, y superada la sorpresa inicial del resultado de las urnas del 14-M de 2004, llenas en su mayoría por el repudio a la mentira y altanería política de los populares, pretendo asomarme al perfil de un político moderno y eficaz.

José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro presidente de gobierno, me parece un político ejemplar en el arte de hacer política. Me gusta su fortaleza espiritual, que no viene de otro lugar que de su fe en la Utopía. En un mundo pragmático, en un mundo en el que prima el tanto tienes tanto vales, en un mundo en el que los intereses creados se disfrazan de liturgia, de credos manipulados, de corrección en los gestos y transgresión en los fondos (Trillo a la cabeza con enterramientos, escenificados para su gloria y por ello obscenos, de aquellos honestos militares muertos por su cutrez administrativa), de manoseos patrióticos, de explotación de los mitos tan gloriosos como falsos, de falsedades elevadas a la categoría de atentado alentado desde la oposición, de mentiras, más mentiras, mentiras como panes disfrazadas de alarmismo, de catastrofismo, de miedo provocado; en un mundo tan irreal como dramático creado por los propagandistas de la derecha improductiva aparece el señor Zapatero con su talante bajo el brazo y empieza a ejercer de presidente, de director ejecutivo de este país.

Y el chico del "poncho y la guitarra", como le definía hortera y cínicamente Carlos Herrera (que siendo un buen profesional de la comunicación, pierde los papeles y la vergüenza cuando toma partido) va y decide en un impulso insulso, en una ataque de talante y de utopía, nada más y nada menos que retirar a las tropas españolas de Irak. Ese día me sentí muy bien, sobre todo porque sentí que los españoles dejábamos de ser Las Meninas del emperador Bush
y sobre todo porque vi a un político que había escuchado a su pueblo clamando la retirada de las tropas en la manisfestación más plural, menos politizada, más representativa y más numerosa de todas las habidas en España.

Vista con perspectiva esta decisión, hay que reconocer dos cosas: que Zapatero tiene cojones para tomar decisiones y que las decisiones bien tomadas, nunca son para mal sino para bien. España, con dejar de perder vidas y dinero en una guerra caprichosa, decidida por la avaricia insaciable de los administradores de los petrodólares, ya salió ganando.

También tuvo valor político, incluso osadía, para abordar la solución del problema del terrorismo por una vía entreabierta, distinta a "la-formula-unica" patrocinada por el PP, que aunque de resultados eficaces en el terreno militar (policial para nosotros) dejaba en el vacío la conquista política. Con todo el respeto para nuestros muertos, los muertos no pueden ser un impedimento para buscar una vía de solución, y menos ser utilizardos interesadamente como "anticuerpos" en cualquier estrategia de resolución del conflicto. Los ingleses también han tenido muchos muertos y muchos héroes en su combate al IRA, víctimas a las que siguen honrando con orgullo y con devoción patriótica, pero no se sabe que contaminaran con ellos la larga marcha hacia la paz; los ingleses saben distinguir la paja del heno.

Zapatero me empieza a convencer (1).

Esto de volcar reflexiones tiene su aquel. Es difícil expresar inteligiblemente para los demás las ideas que en un cónclave improvisado se le vienen a uno a la cabeza en algunas ocasiones. Pero nos queda la palabra. Estamos estrenando Gobierno y las noticias al respecto acaparan la actualidad en medios y blogs. Mi apatía escribana se ha disipado con el anuncio del nuevo Ejecutivo.

Siempre he pensado que la mayor virtud de un político -o de cualquier cargo con autoridad-, la cualidad que le da el auténtico carisma en su función, es el sabio manejo del poder político -o del que ostente- orientado al interés general. Tal vez por eso, los políticos mediocres han ido deteriorando una imagen, la del hombre de partido, en aras de conchabeos familiares, clánicos o locales, que han acabado por arrastrarles a las ciénagas del olvido, o de la cárcel. También he pensado siempre, que la mayor rémora de cualquier persona que ostente autoridad es ejercerla sometida a las siglas de la entidad que le patrocina o que gobierna (el partido por encima de todo, la empresa por encima de todo, la patria por encima de todo, dios por encima de todo...) porque las abstracciones encorsetan sin proyecto la gestión y permiten ejercer dictatorialmente, caprichosamente diría yo -que es la más elemental forma de dictadura- un poder que debería orientarse al colectivo concreto, en el momento histórico concreto; lo otro es puro fascio.

Hasta ahora, al menos en mi generación y la de mis mayores, teníamos instalado en nuestro imaginario que el acceso al mando, que los liderazgos, se ganaban como las oposiciones, con mucho trabajo, con gran esfuerzo, con obligadas privaciones y buenas dotes, incluida la inteligencia; y que el concurso de méritos se refrendaba con alcanzar el "número uno" en las lides formativas o curriculares. La transición destronó esta tesis, y la necesidad de pluralismo hizo llegar a la palestra a gente procedente de la clandestinidad, de la lucha en la sombra por la libertad, gente que el régimen franquista había dejado en la cuneta de sus privilegios e inmunidades. Y mira por dónde, estos arribistas rojetes de dudosa capacidad para dirigir ganaron finalmente dejando en la cuneta a bastantes chicos listos, profesionales eméritos que apuntaban maneras, muchos "numerosuno" que se habían preparado para dirigir el país como funcionarios de alto nivel. El advenimiento de Felipe González ("ese oscuro abogado laboralista") fue la defenestración del perfil de dirigente instalado por la derecha española, ese perfil que tanto añora Esperancita y su séquito. Felipe González fue, gracias a la claridad de ideas de Adolfo Suárez y sus artimañas, un regalo para los españoles, y su liderazgo, su presidencia, consiguió entronizar definitivamente a la Democracia en España, cosa que algunos españoles todavía no han digerido y siguen instalados mentalmente en un muerto-franquismo. .

Por Zapatero muchos no daban ni dos duros cuando estaba como líder de la oposición con Aznar, ni siquiera en el PSOE. Zapatero es un resultado de la masacre generacional que entre los socialistas hizo el equipo de Moncloa que acompañaba a González. La "quinta" de Felipe y de Alfonso, acaparó los cargos durante catorce años dificultando la identificación de líderes emergentes, se cargó a la generación siguiente fagocitándola -ahora andan casi todos por las calles de Bruselas y otras capitales multilaterales- y cuando el César cayó abatido por el Brutus que llevaba dentro, hubo un vacío de dirigentes rodados en la administración. Afortunadamente para el PSOE y para España, los encontronazos entre los barones y con tal de evitar que Bono llegara a liderar al partido, emergió el casi desconocido Zapatero. Algunos militantes bien informados y más avezados sin duda en políticas públicas que departieron en las postrimerías de aquel congreso "depurador" del PSOE, decían de él que no era muy inteligente, que parecía "tardo", que se movía en el terreno de las obviedades, que no tenía discurso y que su fluidez verbal era limitada. Pienso ahora, que aquellas críticas estaban fabricadas con el patrón forjado en el ensalzamiento de la meritocracia ¡Vamos! que Zapatero sólo parecía traer en sus alforjas de humilde diputado por provincias en el Congreso, su buen talante y lozanía política ¡Que no era poco!

(Continuará)

Rechazo emotivo.

Al final voy a tener que dar la razón a Alex (blog :En la parada) y reconocer que en el Partido Popular puede haber autocrítica. Me ha gustado saber que hay una joven catalana, militante del PP, cuyo nombre no recuerdo aunque dará que hablar, que se ha atrevido a llamar "jarrón chino" a José María Aznar. Es el insulto más inteligente, sutil y mordaz que se le podría adjudicar al caballero.

Tenemos los ex presidentes que nos merecemos, y en este caso sin lugara dudas, porque nosotros (el conjunto de la nación) le hicimos Presidente del Gobierno. Pero para mi, Aznar dejó de ser mi presidente en el mismo día en el que por su chulería, por su "sostenella y no enmendalla" (hombría de bien le dicen a la altanería, manipulando el concepto los más cursis), desoyó el clamor popular español y sostuvo la necesidad de ir a una guerra repudiada por toda la ciudadanía, en aquella manifestación, más contundente si cabe que las del rechazo a ETA que con el tiempo nos tiene comida la moral. Ese día pude palpar "in situ" que ni los acérrimos votantes de derecha, las madres de los líderes políticos del PP, hijas de la guerra de Madrid pilladas en el bando rojo, querían que nos mandaran a la guerra de Irak. Recuerdo una señora de esas que, sentada a mi lado en el tren de cercanías camino de Atocha, me decía: "...mira hijo, yo soy votante del PP y lo seré hasta que me muera, y seguiré votando al PP pase lo que pase, pero me voy a manifestar en contra de la guerra porque eso no es nuestra cosa, ni nuestra causa". Sabias palabras desoídas por la soberbia intelectual de un Presidente Aznar cegado, como el Quijote, por la conquista de no se qué "Ínsulas Baratarias". En esos días dejó de ser mi Presidente y le perdí el respeto, porque no hay peor gobernante que el que gobierna de espaldas al pueblo.

Cuento esta anécdota porque cuando la citada militante del PP catalán, en un insospechado ejercicio de autocrítica, habla de renovación, dice que habría que limpiar la cúpula del Partido Popular de todos aquellos líderes que provocan "rechazo emotivo" en el electorado. Exactamente lo que sentí yo por Aznar en aquella ocasión, y lo que creo que hemos sentido muchos ciudadanos por bastantes políticos de la esfera patria, incluído José Blanco.

Ese es un buen camino. Una postura política decente que, sin lugar a dudas, es más integradora que desintegradora. Lo que ocurre es que los "desintegrados" por ella están en el poder, y probablemente "desintegrarán" a la diputada catalana que sólo pretende integrar a más adeptos a sus filas. Habrá que ver cómo evoluciona esta crisis de crítica.