¡Por fin se ha escenificado la derrota de Aznar!
No nos equivoquemos, pero el último congreso del PP ha sido la puesta en escena de la segunda derrota de Aznar. Su primera gran derrota fue cuando, víctima de su propia chulería, decidió no presentarse a más elecciones generales una vez cumplidos los ocho años como Presidente de Gobierno. Digo yo que no conviene importar modelos para experimentarlos en cabeza propia, y dar credibilidad a una fórmula por el mero hecho de llevar el copyright americano, a riesgo de pagar un alto precio por la falsa modestia, o por tu sordera. Aznar es un sordo (como todos los chulos), y sólo practica el out-put, nada el in-put, es más, me atrevería a decir que si alguna vez tiene en cuenta los comentarios ajenos es para ponerlos como diana de los venablos de su venganza.
Tengo yo una teoría política que algunos podrán interpretar como "peregrina" cuando, a decir verdad, es pura lógica deductiva. El Partido Popular fue derrotado el 14 de marzo de 2004 por el propio Aznar. Ahora, en el reciente congreso del PP en Valencia se han puesto en evidencia las consecuencias de aquella derrota.
Mi teoría es que si Aznar hubiera seguido como líder del PP otra legislatura y hubiera figurado como candidato presidencial del partido en 2004, en lugar de Mariano Rajoy, a pesar de la insospechada y terrible matanza del 11-M en Atocha, la mayoría de españoles le hubieran mantenido la confianza. Yo lo que veo como una apuesta suicida para el electorado, en aquellos momentos de convulsión, era darle la confianza popular al melifluo ministrillo llamado Mariano Rajoy. Entre un líder débil (Mariano) y un partido solvente y popular (PSOE), las gentes prefirieron lo segundo. Luego, fuera y aparte, ha resultado que aquel candidato desconocido llamado Jose Luis Rodriguez Zapatero, además, está siendo un buen Presidente de Gobierno.
Esta ecuación tan sencilla sobre la apuesta electoral de la mayoría de los españoles nunca la ha entendido ni Aznar, ni Acebes, ni Zaplana, ni Trillo, ni Miguel Angel Rodriguez, ni Esperanza Aguirre y otros muchos que volcaron su pataleta contra el PSOE y sus pretendidas confabulaciones, luego indemostradas. Lo que si intuyo también es que Fraga, Gallardón y algunos otros, incluido el propio Mariano que por no ser ambicioso siempre le ha quedado grande el traje de líder, siempre han pensado que Aznar tiró la toalla demasiado pronto.
Los líderes lo son porque tienen carisma, esa facultad de resultar atractivos a sus seguidores. Aunque haya interpretaciones científicas del término, la experiencia me dice que no es difícil detectarlo. El carisma de un líder es un brote de su personalidad, una cualidad que se enseñorea sobre las demás y bien sea la autoridad, la inteligencia, la sociabilidad, la ternura, la solvencia, la utopía, la firmeza, la generosidad, la educación, el glamour, la alegría, la... le hará sobresaliente y motivo de admiración y respeto por los demás. Aznar, por ejemplo, tiene carisma; no me gusta un pelo, pero tiene carisma.
Mariano Rajoy no es nada carismático. Sería el paradigma de la antilujuria en el terreno sexual (no me lo imagino interpretando una tórrida escena sexual) y es el paradigma de la mediocridad en el terreno político. Es el ejemplo del ser gris, y por eso -ya lo dije en anterior artículo- podría ser un buen gestor, un buen ayudante, un buen "fontanero", pero no un líder (los líderes pueden ser buenos líderes o malos líderes).
Y eso es lo que viene siendo Rajoy, un fontanero. Está haciendo de fontanero del PP. Curiosamente, desde la presidencia del partido, en estos momentos, está haciendo el trabajo sucio de desatascar las cañerías del liderazgo de la costra del "clan de los chulos" (los prepotentes, los déspotas, los autoritarios, los halcones) que en su día dieron cuenta de Hernández Mancha porque era demasiado moderno y populista para sus envarados y almidonados cuellos blancos y que ahora pretenden imponer sus mandatos sin ninguna ideología que los sustente porque los déspotas en su megalomanía, pretenden hacer las cosas por el bien general pero según principios que a veces emanan del mismo Dios.
¿Cómo es posible que un perdedor de dos procesos electorales tenga la capacidad de aparente liderazgo que ha conseguido Mariano Rajoy en el congreso de Valencia? Esa pregunta que se hacen muchos analistas políticos tiene una fácil respuesta. Porque es el que actualmente tiene la sartén por el mango y , por primera vez, está haciendo uso de ella para freir a algunos. Mariano Rajoy ha dejado de ser la boina que Aznar tiró en el asiento de presidente del PP para que le guardara el puesto. A estas alturas, Mariano, impelido por el propio acoso que el sector duro ejerció sobre él, ha conseguido conciliar las sinergias internas del partido y dirigirlas hacia una sentida y necesaria purga de la parte minoritaria y abyecta del conservadurismo español. Ese sector que no deja avanzar salvo en una sola dirección, la que Dios manda y los curas interpretan.
Espero que todas estas maniobras no le pasen inadvertidas a mi convecino Caldera y que ponga a alguno de los becarios de su tanque de pensamiento a analizar estas reflexiones.
Mariano Rajoy no va a reinar nunca, es un simple profeta, un Juanbautista que precede al que vendrá, el cual todavía no está ungido.
¿Será él? ¿Será ella? Ni lo sé, ni me interesa por ahora. Lo cierto es que Mariano Rajoy no va a ser el líder del PP para las elecciones del 2012, y si lo fuera, las volverá a perder.
Ese quebranto de voz tan natural, en la toma de posesión de la nueva Secretaria General, le augura una simpatía popular muy estimable en la gente de centro...
Ya veremos...